El objetivo de ALTERCARE es explorar iniciativas de viviendas para personas mayores (existentes o en proceso de desarrollo) que se planteen como alternativas al modelo actual de organización del cuidado en el hogar o en la residencia asistida. Nos proponemos localizar y analizar iniciativas de orientación local y comunitaria que innoven en las opciones residenciales de las personas mayores con el fin de superar las dificultades y el dilema de escoger entre envejecer en casa o en un entorno institucionalizado, muy especialmente cuando aparece la falta de autonomía en el proceso de envejecimiento.
Dichas alternativas han de ser analizadas en el contexto de la actual política de desinstitucionalización de los cuidados de larga duración explicitada en la Estrategia Europea de Cuidados (Comisión Europea, 2022) y en la Estrategia de Desinstitucionalización del gobierno español (Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, s.d.). La política actual va en la línea de promover la permanencia en el hogar de las personas mayores en su proceso de envejecimiento, un planteamiento que presenta serias limitaciones porque los hogares no están siempre adaptados y porque es difícil disponer de la atención necesaria, sea familiar o profesional, en el propio domicilio. En el proyecto CAREMODEL que estamos finalizando hemos podido constatar las tensiones que presenta la actual organización social de los cuidados en España. La permanencia de las personas mayores en el hogar precariza, familiariza y feminiza la provisión del cuidado y, sin una política pública robusta, capaz de crear y financiar los recursos adecuados, el hogar se convierte en un espacio de reproducción de desigualdades territoriales, de género, edad, origen y clase social.
En los últimos años se ha producido en España un notable incremento de la longevidad, en consonancia con las tendencias demográficas de alcance mundial. Según los datos estadísticos del Padrón Continuo (INE), a 1 de enero de 2022 había 9.479.060 personas mayores de 65 años, un 19,97% del total de la población (47.475.420). La esperanza de vida al nacer se eleva a los 85,7 años para las mujeres y 80,4 para los hombres (83,1 años de promedio), situándose España como el país de la Unión Europea con una esperanza de vida más elevada, a pesar del impacto de la pandemia que rebajó estas cifras. En 2021, el número de años de vida saludable a los 65 años de edad se situaba en 18,7 (17,4 en hombres y 19,9 en mujeres) representando un 87,5% de los años de esperanza de vida a la edad de 65 años (90,8% en hombres y 85,1% en mujeres) (Ministerio de Sanidad, 2023). Tal como señala Alex Kalache (2015), ha nacido una nueva etapa vital, una transición entre la vida adulta y la vejez que nunca antes había existido.
Las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística para el año 2035 son claras: habrá más personas mayores y una de cada cuatro personas tendrá más de 65 años, proporción que será mayor en las áreas rurales. No sólo hay y habrá más personas mayores, también ha cambiado el modo de envejecer, predominando personas que son autónomas, activas y saludables. Las personas mayores actuales han sido protagonistas y agentes activos del desarrollo económico, social y político de nuestro país, logrado, en buena medida, por su trabajo y sus luchas en favor de la democracia. Ha mejorado notablemente su nivel educativo, pues muchas de ellas han terminado la educación secundaria y más de un 10% son universitarias. Esto contrasta con la situación del año 1970, cuando el analfabetismo alcanzaba el 18% de las personas mayores y solo un 5% tenía estudios secundarios o universitarios. Además, han podido beneficiarse del sistema de protección social, que ha proporcionado acceso a la sanidad y a las pensiones, entre otras dimensiones. Otro aspecto relevante a considerar es el número de personas mayores que viven solas en España que, aunque menor que en otros países, es imparable: afecta en la actualidad a un 29,4% de las mujeres y a un 15,8% de los hombres. También son numerosos los hogares de parejas sin otros convivientes, que alcanzan el 51,6% para los hombres y el 34,7% entre las mujeres (Pérez et al, 2022).
Asociada a la vejez, debe abordarse también la necesidad de cuidados que requieren quienes han perdido su autonomía, han entrado en situación de dependencia y necesitan de terceras personas para realizar actividades básicas de la vida diaria. Esto genera desafíos de dimensiones todavía no suficientemente precisas: en la última etapa de la vida hay que afrontar situaciones de fragilidad y dependencia con alto grado de complejidad, intensidad y duración en el tiempo. Ello impacta en el modelo de cuidados de larga duración, que se ha de transformar para adaptarlo a las nuevas necesidades (Díaz y Sancho, 2020; Sancho y Martínez, 2021). Hemos podido constatar ampliamente que la mayor parte de personas desea envejecer en el hogar y no quieren depender de sus hijos ni ser una carga. Observamos también un fuerte rechazo hacia las residencias tal como están organizadas hoy. La pandemia ha puesto en evidencia el fracaso del modelo tradicional de residencias, así como la debilidad de las políticas públicas, que no permiten permanecer en el hogar en situaciones de dependencia agravada y conducen a una institucionalización no deseada. Ha puesto de relieve también la descoordinación social y sanitaria, que no solo tuvo impactos letales en la pandemia, sino que perjudica el día a día de quienes requieren cuidados y de quienes cuidan (Comas-d'Argemir y Bofill, 2022).
ALTERCARE propone poner en valor las viviendas para personas mayores, como fórmula alternativa a la institucionalización, que tengan en cuenta los desequilibrios territoriales y que no deriven en una precarización y refamiliarización de los cuidados. Las viviendas con servicios para personas mayores, de base local y comunitaria, constituyen una alternativa viable que responde a las demandas de las personas receptoras y su derecho a ser cuidadas, con independencia de su capacidad económica para acceder a un diverso y sofisticado mercado de recursos de atención. Hay que tener en cuenta también a las personas mayores que necesitan salir de su vivienda habitual por distintos motivos (soledad, costes, falta de accesibilidad) y que pueden afrontar el envejecimiento en este tipo de alojamientos.